jueves, 28 de enero de 2010

Silencio para no llorar.


Esta tarde tranquila, tan tranquila como una paloma posada en el árbol que crece al borde del río secreto, mi corazón se ha sentado en su orilla y me ha hablado mirándome a los ojos fijamente. Tantas cosas me ha sursurrado este corazón...su voz suave me hace recordar a mi madre sentada en la silla vieja que por siempre la sostiene. Me ha hablado casi como un murmullo de brisa azul, contándome cómo ella, mi anciana, queda plácida, cuando observa a los tres pajarillos que se posan en el patio de la casa grande y con profundo amor, toman las semillas de las plantas que allí crecen y luego se bañan en el pequeño recipiente que está allí para ellos. Felices luego, vuelan y se posan en lo más alto de la casa de al lado y silban la canción que llama a la lluvia, pero ella se niega a venir y el cielo sigue azul, como los ojos de las hadas, y parpadea de cuando en cuando, pero no llueve y las aves silban y silban a la distancia, a lo lejos, desilusionados,hasta que se les viene la noche y cansados, vuelan a su nido a esperar a la luna y al frío para hacerles tiritar y sumir sus plumas entre sus cuerpos frágiles y pequeños. Te escucho corazón, escucho cada gemido que exhalas porque quisieras recoger a esta mujer vieja y levantarla en vuelo como esas aves y llevarla contigo a las costas alegres, pero ella ha crecido entre los cerros, entre la nostalgia de los eucaliptos y la vibración de la tierra serrana. Allí están sus pasos niños, su cabellera negra, su juventud y su fuerza telúrica como pocas mujeres he conocido. Su canto que pocas veces he escuchado se mezcla con el bamboleo de las zarzamoras y el crujir de las hojas que caen en la hondanada. Corazón dale a mi madre la luz de la vida y del misterio, sumérgela entre las colinas verdes y los caminos estrechos de mi tierra, ahora que retorno a mi lugar y la dejo otra vez sola, como una luz en medio de la oscuridad, como una ventana abierta al mundo pero éste, está mudo y apenas la escucha. Hazme retornar pronto corazón abierto y dame la dicha de escuchar su voz ondulada, confundida con el rumor del cielo y así reír otra vez, ahora que se me ahoga el corazón para no llorar.

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